Cuando alguien empieza una empresa, asume una dirección importante o atraviesa una etapa de crecimiento, es difícil repartir el tiempo de manera perfecta entre trabajo, familia, descanso, salud y vida personal, porque habrá semanas en las que un cierre, una crisis o un lanzamiento exigirán más atención de la normal, por eso quizá el equilibrio no deba entenderse como dedicar cada día la misma cantidad de energía a todo, sino como evitar que una sola parte de la vida se quede con todo durante tanto tiempo que las demás comiencen a romperse.
Pensemos en una persona que pasa varios meses trabajando hasta tarde, aplaza vacaciones, deja de hacer ejercicio y falta a reuniones familiares porque siente que la empresa todavía no puede funcionar sin ella, al comienzo puede pensar que está haciendo un esfuerzo temporal y necesario, aunque con el tiempo el cansancio empieza a afectar su paciencia, sus decisiones y su capacidad para escuchar, de modo que aquello que parecía compromiso termina debilitando precisamente la persona de la que depende buena parte de la organización.
Emprender siempre implica renuncias, porque el tiempo utilizado para construir algo no puede emplearse al mismo tiempo en descansar, viajar o acompañar cada momento de la vida personal, aunque no todas las renuncias tienen el mismo peso ni deberían durar para siempre, una cosa es perder una celebración por una situación excepcional y otra muy distinta convertir la ausencia, el agotamiento y la culpa en la forma normal de vivir, porque cuando el sacrificio deja de tener un límite también deja de ser una inversión consciente y empieza a convertirse en un costo que nadie está midiendo.
Esto no significa que una persona deba abandonar la exigencia o trabajar únicamente cuando se sienta cómoda, porque construir una organización requiere disciplina, esfuerzo y momentos en los que será necesario hacer más, aunque trabajar duro no debería convertirse en trabajar mal de manera permanente, ya que un líder agotado toma peores decisiones, se vuelve más reactivo y termina trasladando su cansancio al equipo, por eso descansar, tomar vacaciones y cuidar la salud no son premios que se reciben después de resolverlo todo, sino condiciones para poder seguir sosteniendo responsabilidades sin deteriorarse en el camino.
Tal vez el equilibrio perfecto no exista, porque cada etapa pedirá algo diferente, aunque sí debería existir la capacidad de reconocer cuándo una temporada intensa dejó de ser temporal, cuándo el trabajo está ocupando espacios que ya no puede devolver y cuándo la organización necesita aprender a continuar sin consumir por completo a quienes la dirigen, de manera que la pregunta no es si emprender exige sacrificios, porque claramente los exige, sino cuáles estamos dispuestos a hacer, durante cuánto tiempo y qué parte de nuestra vida no debería convertirse en el precio permanente de crecer.
Pregunta para conversar:
¿Qué parte de tu vida no debería convertirse en el precio permanente de crecer?



