Muchas organizaciones dicen que tienen una estrategia cuando en realidad solo tienen una lista de cosas que quieren hacer, porque crecer, innovar, vender más o llegar a otro mercado son metas, no caminos, y para entender la diferencia basta pensar en un viaje: el objetivo es el lugar al que quieres llegar, la estrategia es la ruta que decides tomar y las tácticas son los movimientos que haces durante el trayecto, como cambiar de carretera, hacer una parada o buscar otro medio de transporte.
Pensemos en una empresa que quiere abrir operación en otro país, la meta puede estar clara, aunque todavía debe decidir cómo llegar hasta ella, porque podría buscar un socio local, comenzar con un grupo pequeño de clientes, vender primero desde su país o abrir directamente una oficina, y cada opción representa un camino distinto, con costos, riesgos y aprendizajes diferentes, aunque todas conduzcan al mismo destino.
Después vienen las acciones concretas, como asistir a una feria, contratar un vendedor, lanzar una campaña o probar un distribuidor, y esas acciones pueden cambiar sin que toda la estrategia tenga que cambiar, porque una campaña que no funciona no demuestra que el mercado sea malo, del mismo modo que un vendedor equivocado no prueba que la idea de vender en ese país sea incorrecta, antes de abandonar el camino conviene entender qué fue lo que falló.
El problema aparece cuando una organización cambia de dirección cada vez que algo sale mal, porque termina probando muchas cosas sin darle suficiente tiempo a ninguna, aunque también puede ocurrir lo contrario, que siga defendiendo un camino que ya no funciona solo porque invirtió dinero, porque fue decisión de alguien importante o porque reconocer el error resulta incómodo, por eso una buena estrategia necesita tiempo para mostrar resultados y humildad para cambiar cuando la realidad demuestra que sus ideas iniciales estaban equivocadas.
Tener estrategia no significa poner la palabra “estratégico” delante de cada proyecto, sino saber adónde se quiere llegar, qué camino se eligió, por qué se eligió y qué señales indicarían que conviene mantenerlo, ajustarlo o abandonarlo, entendiendo además que escoger una ruta significa dejar otras para después, porque ninguna organización puede caminar en todas las direcciones al mismo tiempo y esperar avanzar.
Pregunta para conversar:
¿Las organizaciones suelen tener poca estrategia o demasiadas iniciativas llamadas estratégicas?



